lunes, 28 de marzo de 2011

Japón

 


Empecé a publicar cuentos con una editorial japonesa, Gakken, hace más de 10 años.
En1997 fui a la feria de Bolonia porque aquel año, por fin, me habían seleccionado para la muestra.
Animada por ello a vencer la timidez y mostrar mis ilustraciones a editoriales extranjeras, fue el último día, la última tarde, cuando me recibieron en Gakken. El editor japonés miró mis ilustraciones (un desastre de carpeta) a toda velocidad. Cuando llegó al final pensé que diría un muy educado "muchas gracias" como todos, pero no: volvió atrás buscando algo y se paró en una ilustración. Eran unos gatos saltando por los tejados que se ven desde las ventanas de mi estudio. Me miró fijamente y preguntó si tenía una historia con aquellos gatos. 
-Sí, claro- mentí. 
Él hablaba en japonés con un traductor japonés que hablaba inglés con una señora italiana, encantadora por cierto, que me hablaba en italiano. De esta manera tan divertida explicó qué libro quería que hiciera y quedé en enviarle un proyecto. Me regaló unos juguetes para mis hijos y nos despedimos. No recuerdo su nombre pero sí su amabilidad y su corbata de seda: era preciosa.
Volví a Madrid, me enredé en cientos de dibujos y me olvidé. Pero en diciembre llegó una felicitación desde Japón con un recordatorio del encargo. Estarían encantados de recibirme en la feria de nuevo, decía. Así que me puse a pensar y llevé el proyecto. Esta vez me recibió una editora japonesa muy amable que hablaba inglés. Le gustó mucho pero fue muy sincera conmigo y no me dio esperanzas porque, explicó, Japón atravesaba una crisis económica muy fuerte y Gakken había decidido publicar muy poco. Aún así se lo llevó para enseñarlo en la editorial. Un mes más tarde llegó un fax para pedirme perdón por las prisas porque querían publicarlo en otoño. Así empecé atrabajar con ellos. Años más tarde me pidieron la segunda parte del cuento que también publicaron. Después los tradujeron al coreano, al chino mandarín y al chino cantonés. Y hace algunos años me pidieron muy educadamente las señas de alguno de mis herederos para hacerles llegar, si fuera necesario, los derechos de autor.
Siempre les estaré agradecida, sobre todo porque me demostraron que era posible lo que me parecía imposible.
Vaya desde aquí mi homenaje y reconocimiento.